Desde cada corazón comprometido
- Desde cada corazón comprometido
Aunque en llovizna, los persistentes no renuncian a atizar el fuego, con leña seca o con un poco de ese carbón vegetal que le hace guerra a la tenaza energética imperial desde miles de hogares.
Entonces empieza a aparecer un vecino por aquí, otro por allá y más gente que no se rinde, para aportar «un tin» de lo que muchas veces resulta «tan» difícil conseguir hoy… ¡Pero la caldosa va!
¿Y por qué no antes? ¿O por qué no en otro momento del calendario? Es que el 28 de septiembre es uno solo. Como únicos también son los Comités de Defensa de la Revolución. Nadie pierda tiempo ni queme gastos móviles buscando una organización o una experiencia igual en todo el planeta. Nacieron en 1960 como genuina creación de Fidel. Y eso hay que reconocerlo, celebrarlo, mantenerlo y perpetuarlo.
Su origen no obedeció a capricho u ocurrencia. La joven Revolución los necesitaba. Con su congénita perversidad, el enemigo externo e interno movían cielo y tierra para sabotear, hacer daño, crear miedo, sembrar pánico, dividir, perjudicar a la economía, al Estado, al Gobierno, a la sociedad…
Solo que Fidel es Fidel y, tras regresar de Estados Unidos, ante una marea de pueblo concentrado junto al Palacio Presidencial, «se apareció» con lo que jamás hubiesen imaginado la Casa Blanca, la CIA, la contrarrevolución interna:
«Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva… para que el pueblo vigile, para que el pueblo observe, y para que vean que cuando la masa del pueblo se organiza, no hay imperialista, ni lacayo de los imperialistas, ni vendido a los imperialistas, ni instrumento de los imperialistas que pueda moverse».
«Ahora sí nos fastidiamos»” –deben haber pensado los bufones que minutos antes habían hecho estallar dos o tres petarditos para «impresionar».
Del resto se encargaría cada cuadra, cada barrio, en el contexto de un fenómeno que multiplicaría ojos, miradas, defensa, arraigo, sentido de pertenencia y que, devenido escudo, permitió neutralizar miles de actos hostiles y garantizar el tranquilo sueño del país en peso.
Para algunos, ya los CDR no son los mismos de entonces. Claro que no. Han transcurrido 66 años, el momento es diferente, hay nuevas generaciones, las circunstancias son otras, el país se transforma y adecua… Pero mucho ojo: el enemigo es «peormente el mismo» e idéntica la necesidad de no cederle «ni un tantito así», como recomendó magistralmente el Che.
Por eso hay y tiene que haber CDR para rato, para siempre. Y también por eso, el Héroe de la República de Cuba, Gerardo Hernández Nordelo, su coordinador nacional, reiteró bien claro, hace un año en Ciego de Ávila, algo que nunca debemos olvidar:
«No podemos quedar anclados en el pasado, los tiempos cambian y la Cuba de hoy enfrenta nuevos desafíos… Participación comunitaria y diálogo abierto no pueden faltar a esta hora en que será preciso cambiar métodos de lucha, pero jamás renunciar al combate. La Revolución se hace desde cada hogar, desde cada cuadra, desde cada barrio y desde cada corazón comprometido».

