Cobertura especial: Ramiro, gracias por la entrega, la consagración y el ejemplo
- Cobertura especial: Ramiro, gracias por la entrega, la consagración y el ejemplo
Este jueves 25 de junio de 2026 se realizó en Villa Clara la Ceremonia de Honores Militares e Inhumación de los restos mortales del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez.
Presidieron la ceremonia Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República; los miembros del Buró Político Esteban Lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular; Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores; Gladys Martínez Verdecia, primera secretaria del Partido en Artemisa, y el comandante del Ejército Rebelde José Ramón Machado Ventura; miembros del secretariado del Comité Central del Partido, dirigentes del Gobierno y el Estado, junto a las autoridades políticas y gubernamentales de Villa Clara.
Presentes también, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, y unas 2 000 personas, en representación del pueblo villaclareño.
Las cenizas fueron depositadas en el primer nicho a la derecha de la llama eterna que él mismo encendió el 8 de octubre de 2009, cuando se inauguró el Mausoleo del Frente de Las Villas.
Allí descansan otros 140 combatienes de la columna 8 Ciro Redondo —de la cual Ramiro fue el segundo jefe—, el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular, que unieron voluntades en el histórico Pacto del Pedrero.
Al pronunciar las palabras de despedida, Díaz-Canel Bermúdez dijo que Ramiro está otra vez en Santa Clara, amada ciudad que él contribuyó a liberar como parte de la vanguardia rebelde junto al Che, la misma urbe que visitó en misiones estratégicas de la Patria a lo largo de las últimas décadas. Está en el Mausoleo cuya construcción supervisó, y que en un día de memorables resonancias recibió al Che en 1997, recordó.
Estará en el Mausoleo que visitó cada vez que vino a Santa Clara para el homenaje sentido a sus compañeros de armas. En medio de la tristeza que acompaña su partida, vale agradecer el tributo popular con que toda Cuba lo ha despedido, dijo.
Agregó que Ramiro era un hombre de silencios, que todos los días reivindicaba el precepto martiano de que el mejor modo de decir de es hacer.
Dijo el Presidente cubano que el Comandante de la Revolución convirtió la pelea por la justicia social en el sentido de su vida, con la entrega a la causa revolucionaria por más de 70 años, y en el trabajo infatigable por el desarrollo del país, tanto que hace unos meses, cuando no se le veía, todo el pueblo preguntaba, dónde está Ramiro.
Depositamos las cenizas de Ramiro en un lugar preñado de simbolismo, prosiguió el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba. Rendimos homenaje a un hombre que supo forjar un espíritu indomable y una lealtad inquebrantable que lo convertirían en uno de los pilares de la Patria y la Revolución.
Recordó los humildes orígenes del Comandante de la Revolución, donde germinó su rebeldía con una claridad asombrosa para su juventud. Cuando el 10 de marzo de 1952 Batista asaltó el poder, Ramiro entendió que el poder no residía en los políticos y estaba en la juventud y en un hombre que escuchaba por la radio, Fidel Castro Ruz.
Repasó los episodios que escribieron su nombre en la historia más reciente: el Moncada, el exilio, el Granma, Alegría de Pío, el rencuentro en Cinco Palmas, la Sierra, y las responsabilidades asumidas tras el triunfo de Enero de 1959.
Fue en la Sierra Maestra donde forjó dos de los vínculos más entrañables, con Ciro Redondo y Ernesto Che Guevara. En Ciro tenía a su amigo de toda la vida y su muerte fue una herida que cargó consigo siempre, dijo, y al Che, que conoció en México, lo unió un lazo para toda la vida por el ejemplo imperecedero del Guerrillero Heroico.
Fidel le encomendó a Ramiro la misión de velar por la vida del Che, que asumió con la responsabilidad de quien carga con el peso de esa confianza, subrayó el Presidente cubano.
Bolivia, y tras el triunfo de la Revolución asumió la titánica tarea de organizar los órganos de la Seguridad del Estado, para la defensa del país. Desde allí enfrentó los planes de la CIA, el bandidismo en el Escambray, los planes de asesinar a Fidel y muchas otras batallas.
Recordó que también tuvo Ramiro responsabilidades importantes como Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, para el desarrollo de Cuba, pero dijo que más allá de cargos y responsabilidades, fue un ejemplo de constancia y disciplina. Su rechazo al protagonismo era otra de sus grandes cualidades. Su único objetivo era cumplir de forma natural y humilde con sus responsabilidades.
La vida ejemplar de Ramiro Valdés nos enseña que la Revolución se hace con humildad, con disciplina y apegado a los valores de nuestra historia. Su lealtad a Fidel y a Raúl, al ideal que ellos simbolizan y que une a todo un pueblo en el combate por la soberanía de la Patria y su desarrollo, acotó.
Ramiro Valdés fue un hombre de sentimientos profundos, prosiguió luego. Fue padre dedicado, un esposo atento y cariñoso. Su amada Alicia fue su compañera durante más de cinco décadas. Sus hijos y nietos fueron testigos de un hombre que, a pesar de sus responsabilidades, siempre estuvo ahí para educar con el ejemplo.
La historia demuestra, por lo menos la cubana, que hay que ser romántico, idealista y enamorado, en primer lugar, de la Revolución, citó el Presidente cubano las palabras de Ramiro.
¡Hasta siempre, querido Comandante Ramiro! También el Mausoleo donde hoy depositamos sus cenizas, ha de ser un sitio de batalla, un campamento donde no habrá reposo ni en paz descanse.
Gracias por la entrega, la consagración y el ejemplo, querido Ramiro. ¡Hasta la victoria, siempre!, finalizó.
En cumplimento de su última voluntad de descansar junto a sus compañeros de lucha y cerca del Guerrillero Heroico, los restos mortales del querido combatiente son inhumados en el Mausoleo del Frente de las Villas, en el Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara de la Ciudad de Santa Clara.

