Ante Cuba, quitarse el sombrero y afincar bien las botas
- Ante Cuba, quitarse el sombrero y afincar bien las botas
Después de ver y escuchar al Presidente de la República Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el modo en que respondió preguntas de la prensa y la claridad con que abordó temas de profundo alcance nacional e internacional, como ciudadano cubano me quedan dos certezas: hay que quitarse el sombrero en respetuosa reverencia ante la grandeza de mi país (tal y como afirmó el propio mandatario) y no tenemos otra opción más objetiva y optimista que afincar bien las botas y mirarnos hacia dentro.
Es lo que desde su aparente reposo en Santa Ifigenia nos recomienda con su inmortal visión el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, lo que nos aconseja la rica historia que tenemos como nación y lo que también nos sugiere, día tras día, el mismo imperio que mueve hasta lo más absurdo de este mundo para asfixiarnos como pueblo. Es obvio que todo cuanto puedan hacernos llegar brazos amigos (gobiernos, organizaciones, instituciones, organismos) será bienvenido, porque, además, Cuba tiene derecho a aceptarlo.
Pero conceptos como el de la Guerra de todo el pueblo nos han mostrado la necesidad de prepararnos para la peor opción, no depender de nadie, desarrollarnos por nosotros mismos, resistir, no claudicar, no rendirnos y mucho menos concebir la derrota.
Por eso, no le haré juego a nadie malinterpretando las medidas que, con el fin inmediato de hacer frente al panorama, adopte la dirección del país. Esa es la matriz de quienes nos adversan, no de los revolucionarios. Pensemos, de verdad, cuántas soluciones, experiencias y potencialidades acumulamos, pero no aprovechamos.
¿Por qué si hay unidades productivas, campesinos, cooperativas… que le siguen sacando a la tierra valioso fruto, en contexto idénticamente complicado desde el punto de vista material y financiero, otros penan a la zaga?
Nos olvidamos de la bendición que significó el biogás en los más duros años de la década del 90. Ídem con los molinos de viento, la yunta de bueyes...
Alienta oír que el país se empeña en aprovechar más y mejor su crudo nacional (petróleo equivalente), con intención, incluso, de refinarlo y elevar su calidad; que, contra viento y marea, prosigue la instalación de parques fotovoltaicos (elevaron de 3 % a 10 % la generación con fuentes renovables en 2025), que módulos o sistemas fotovoltaicos seguirán beneficiando a familias de zonas apartadas y a muy sensibles instituciones sociales, de salud, de educación…
Amarrarse las botas y el cinturón es zafarse nudos en la mentalidad para poder desatar las fuerzas productivas y sobre todo las humanas. Lo están interiorizando –con hechos concretos ya– los plenos del Partido y los Consejos de Gobierno, en el contexto de un proceso que debe involucrar, integrar, motivar y sacudir también a instituciones, organizaciones, sociedad, familia e individuos.
¿Imposible? ¡No hombre, no! ¿Que disgustará a la Casa Blanca? ¡Sí hombre, sí! ¿Qué estamos a punto de colapso? ¡Jamás! Tal vez colapse primero el emperador desde su silla imperial, que este pueblo que, hasta hoy, no ha bajado la cabeza ante nadie.

