Apuntes para un hombre Leal
- Noticias
- Apuntes para un hombre Leal
Mucho, muchísimo más que el Historiador de La Habana; el orador sin tacha, al que el aplauso sostenido retribuyó la agitación que sus palabras provocaron en los corazones; el hombre del traje gris, examinador de los detalles, amante de la belleza y de las cosas bien hechas; el patriota que aseguró llevar a Cuba prendida en su alma es Eusebio Leal Spengler, nacido el 11 de septiembre de 1942, hace hoy 84 años.
El nombre de Eusebio tiene para Cuba muchos significantes. Admirado por su probidad y poderoso talento para conducir la palabra, no solo desde los altos estrados, es dueño de una singular historia de vida, que él, sin embargo, entendió como una vida común, marcada por la modestia y por su incondicional vocación de servir, adquiridas, entre otras razones, por su fervor martiano y por el entendimiento de lo que significaba la Revolución Cubana, necesitada de la fuerza colectiva para hacerla crecer.
No fue Eusebio de los que se sientan a dar órdenes para concebir, desde un buró, una obra. Con apenas un certificado de Educación Obrero Campesina, era muy joven cuando asumió la misión de organizar, planificar y proyectar el Museo de la Ciudad, en el Palacio de los Capitanes Generales, un sueño de su amigo y maestro, Emilio Roig de Leuchsenring, primer Historiador de La Habana, de quien sería él su sucesor, desde 1967 hasta el fin de sus días, el 31 de julio de 2020.
Los que presenciaron la obra, lo vieron lo mismo cargando adoquines que mezclando cemento. Solo de ese modo concibió la transformación del recinto, aportando con sus manos a la fuerza colectiva destinada a la reparación del inmueble.
Con esa ingente tarea sobre los hombros, el estudio permanente –si bien le fue absolutamente placentero– mostraba su afán de superación, propio de un humanista completo, que, como tantos otros intelectuales, se formó y conquistó altos títulos debido a la disciplina y la cultura autodidacta.
En febrero de 2018 se le dedicó la Feria Internacional del Libro de La Habana. Sobre el intelectual, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2016, se emitieron en el homenaje muy justos juicios, dignos de recordar en esta hora.
Entre otros elementos, la doctora Araceli García Carranza lo presentó entonces como un hombre excepcional, orgullo de este pueblo que lo ha visto recorrer las calles de La Habana, y recordó que Carpentier, sin saber quién era aquel joven, recomendó no perderlo de vista.
Sobre el cariño que le profesaba todo el pueblo, que lo ha convertido en un mito, habló la doctora Ana Cairo, quien en la ocasión aseguró que Eusebio era un buen hijo del Comandante en Jefe, en tanto el pueblo al que entregaron todas sus energías, los había denominado a ambos, para siempre, con cercanos apelativos, como Eusebio y Fidel.
El doctor Félix Julio Alfonso afirmó que pocas veces en la historia de la Isla se había podido verificar una coincidencia tan absoluta entre una trayectoria personal y la vida de una institución como en los casos de Leal y su antecesor. Mientras que Eduardo Torres Cuevas lo caracterizó como un hombre de gran sensibilidad, de natural inteligencia y capacidad para crearse a sí mismo, y «uno de los hombres más reales y más útiles de nuestra época».
Ante el homenaje en cuestión, Leal recordó a su madre y sus maestros, a sus amigos de la niñez, todo lo cual aparece recreado en su libro Fiñes, un título de Ediciones Boloña, y contó cómo, en medio de contradicciones personales en su condición de fidelista y cristiano, se hizo militante comunista, en cuyo proceso desempeñaron un papel crucial Celia y el Comandante en Jefe.
Las anteriores referencias resultan criterios de destacados intelectuales que le fueron cercanos; pero por el alcance que tuvo su vida y su labor, Eusebio adquiere un sentido personal para cada cubano común.
En nosotros está, de diferentes maneras, el Eusebio que alguna vez conversó con nosotros; aquel al que le escuchamos decir que la «Patria no admite naufragio ni olvido»; el que habló de los próceres con veneración y respeto; el que quedó hechizado ante el diario de Carlos Manuel de Céspedes; el amante fiel de La Habana, el que vive en sus libros y en nuestro corazón, el mismo que «cuando lo olviden los hombres», si es que eso llegara a ser posible, y al decir de Fina García Marruz, «lo recordarán las piedras».

