restos de sus padres Juanito y Rosario.
«Muy frecuentes eran sus visitas a este sitio rodeado de cafetos y otra vegetación muy similar al entorno de la Sierra Maestra, donde pedía escuchar a todo volumen la elegía Hasta pronto, que dedicara a sus compañeros caídos. Decidió reposar allí, en la tierra, porque decía que si había llegado a la tierra en cuerpo entero, la tierra lo tenía que recibir de cuerpo entero».
Para el reconocido compositor y presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia, Rodulfo Vaillant García, la música de Almeida, tan ligada a la historia patria y a su pueblo, que va desde una elegía, al bolero, la balada, el son y muchos géneros más, lejos de obedecer a una formación académica, sale del corazón y los sentimientos anidados en el alma de ese ser extraordinario que fue.
«De intenso valor, caracterizado por líneas melódicas muy bellas, letras hermosas y de gran contenido literario, su conocida inspiración superaba a la de muchos estudiosos, y fue para mí un honor la amistad tan bonita que, desde mi responsabilidad, entonces programador musical de la emisora oriental de radio CMKC, me permitió establecer la sencillez de ese hombre.
«Por encima de esta relación y de la confianza de enviarme temas para que los conociera, pienso que está su aporte a la cultura en general, como fue la defensa de la calidad del carnaval y otros festejos populares santiagueros, el rescate que me confió de la orquesta de Chepín-Chovén, y la reanimación del cabaret San Pedro del Mar, con el espectáculo Iré a Santiago.
«Además, impulsó la vida nocturna en la ciudad de Santiago de Cuba como nunca antes la había tenido, y nos legó ese patrimonio que constituyen los Estudios Siboney, de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, que en su momento tuvo el más moderno equipamiento y la preferencia de solistas y agrupaciones de más allá del oriente cubano.
«Yo creo que Santiago, con su historia y su pueblo, cautivó a Almeida, tal como él cautivó con su heroísmo y su idiosincrasia a los santiagueros. Su impronta está por todas partes y esas elegías a José Martí, a Antonio y José Maceo, dicen mucho, al igual que la exquisita melodía A Santiago, y el contagioso Dame un traguito».

