Ese es el Raúl que yo conocí
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La entrada magistral de este relato, tejido durante décadas de ejercicio profesional y militancia política, no solo ilumina la faz humana del líder sino que revela la esencia de un diálogo posible solo en la Revolución que él mismo ayudó a forjar.
A través de un encadenamiento de recuerdos minuciosos, Álvarez López describe el 5 de noviembre de 1999, cuando en una asamblea provincial del Partido en Villa Clara se atrevió a exponer criterios contrapuestos durante 35 minutos. "Jamás olvido su comprensión y paciencia para escuchar mis criterios", expresa el periodista, quien añade que Raúl le pidió una carta ampliatoria y, con el tiempo, comprobó que sus señalamientos fueron atendidos.
El narrador destaca también el instante lúdico cuando el Comandante Juan Almeida intervino desde la presidencia: "Raúl te dijo escríbeme, ¿no?, escribe, que tú eres periodista". Álvarez López subraya que solo una revolución de los humildes hacía posible aquel fraterno intercambio entre un militante de filas y dos leyendas de la Sierra.
Otra escena relata el villaclareño: en julio de 2001, al hablar en la tribuna abierta de Manicaragua presidida por Raúl, al día siguiente Miguel Díaz-Canel le comentó que el entonces segundo secretario había manifestado: "lo que más me gustó es que todos los que hablaron son de Manicaragua, hasta Jesús que nació en estas lomas". Ante ello, Álvarez López confiesa un orgullo genuino.
Finalmente, evoca su intervención como diputado en junio de 2007, cuando propuso entregar tierras ociosas en usufructo. "Al concluir mis palabras, el compañero Raúl preguntó si alguien tenía algo que decir. El silencio fue absoluto", relata Álvarez López, quien confiesa haber regresado inquieto a Villa Clara. Sin embargo, días después, el Comandante Víctor Bordón le reveló que Raúl había expresado su identificación con esas palabras durante la Asamblea Solemne de Santa Clara.
"Ese es el Raúl que yo conocí — concluye el periodista —, firme pero generoso, modesto como su segundo nombre, que sabe escuchar a todos, como se escucha a un hijo". Con esta mirada íntima, Álvarez López, decano del periodismo en el centro de Cuba, aporta una pieza indispensable para entender al hombre detrás del uniforme, al líder que nunca dejó de ser un compañero.

